El olvido ha venido para quedarse.
En las sombras ya no quedan ni las siluetas
y todo se ha borrado,
como cuando el sueño nos derrota.
Ya no quedan ni las nubes después de la tormenta.
Todo arrasado.
La marea está tan alta
que en las playas nace el desierto.
Todo terminado.
Como cuando la presa es cazada.
Se apagaron las luces tan rápido
que las palabras fueron lo único que vimos.
Anochece en el mundo de la memoria.
Con los zapatos en las manos
y la mirada ya rota.
Todo apagado.
iñaki navarlaz rodríguez


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