Callado, te recuerdo escondido,
no pudiendo volver a empezar,
desoyendo los consejos,
sin terminar de crecer, demasiado niño,
quizá ciego, quizá sordo,
pero inquietantemente bello,
entre la locura y la ebriedad,
tratando de estar en soledad compañera,
deseando no acabar,
deseando eternamente ser deseado…
Iñaki Navarlaz Rodríguez
Imagen de efes (fuente Pixabay)


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