Pusimos
todas nuestras palabras
tendidas al sol,
del revés,
para que se volvieran
antónimas
de amor.
Las dejamos amojamar,
partirse
donde los cuerpos duermen
para siempre,
sin ruido,
mudas de corazón.
Apagamos
las voces que las masticaban,
las hundimos
en la guerra de los malvados,
ésos, que ahora tienen
la prosa de nuestras tumbas.
¡Adiós palabras!
Adiós.
¡Os volveré a poner
en las cabezas
que hoy
nos aplastan!
Iñaki Navarlaz Rodríguez


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