
Todas las bombas caen en el mismo mundo,
allí, en el tercero, en el escombro de la vida,
donde el olvido permanece siempre y
recuerda que el camino es impenetrable.
Todas las bombas tienen el mismo nombre,
el que quedó escrito en ninguna parte,
el que pasó rápido por la vida y
quedó sepultado sin lágrimas, sin tiempo.
Iñaki Navarlaz Rodríguez
«Poesía de palabras duras»

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