En un café cerca del mar compré
un billete al paraíso para un hombre
que llevaba en el alma un pozo,
y en la mano una pistola.
Cuando hablaba no se entendían palabras,
sólo hacía cuentas de las piedras que
había pisado desde que olvidó el desierto
y pintó el sol con las balas que usó dios.
En una playa cerca de un café,
vendí el barco y el destino
a una mujer que trepaba las olas
buscando el desierto y sus piedras,
para morir mirando un cuadro
en el que alguien pintó el sol.
Iñaki Navarlaz Rodríguez
«Corazones idiotas»
Imagen de Pexels


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