Amanece en el infierno como cualquier otro día,
donde los USAs manejan los segundos
que rebotan contra los muros de la incomprensión,
donde los instantes se espesan
como la sopa en los estómagos refugiados,
para engañar el hambre que la libertad ofrece
en sus caminos ya desmontados de nuestras vidas.
Y allí,
en este infierno vecino,
que por ser no propio no es ajeno,
es la tumba de nuestro mundo
que regalado no nos atrevemos a cambiar,
a desahuciar de nuestras esperanzas,
porque tememos mucho,
demasiado.
Iñaki Navarlaz Rodríguez (A la contra)
Imagen de succo (Pixabay) – editada


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