Ayer cayeron las bombas de la desazón
en el perverso instante en el que la lujuria cabalgaba,
burlándose de la muerte estúpida
como lloran las piedras que esconden las heridas.
Hoy volverá a llover de color rojo
donde la selva es morada paradisíaca
y el ser humano bestia indefensa,
ante la mirada del dolor impasible
como la bala que le atraviesa.
Mañana la nieve cubrirá las calles
cegando las puertas de las casas y los corazones,
y ante la ventana,
las miradas sólo verán blanco sin fin,
y creerán que nunca hubo un ayer distinto,
ni un beso en sitio prohibido…
Iñaki Navarlaz Rodríguez
Imagen de Comfreak (Pixabay) – editada


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