Ruge la manada en tierras del norte
acompañada por cabezas pequeñas de corazón inexistente,
vomitan inocencia por la masacre perpetrada
contra una mujer abandonada.
Ruge la manada por el desierto
inhóspito que dejaron tras la fiesta,
fiesta que ni perdona ni olvida
y que jamás permitirá que vuelvan a pisarla.
Y sobre sus carnes lloverán nuestras lanzas,
las que se clavarán hasta el último día
de sus vidas desalmadas y enjauladas,
porque seguiremos levantando a la mujer que fue herida, no muerta.
Iñaki Navarlaz Rodríguez
16/11/2017
Imagen de molinerolivier100 (Pixabay) – editada


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