Veo que tus ojos me miran,
que tus labios me besan,
pero no siento que tus manos me acaricien,
y me duele…
Veo que tus pasos se acercan imparables,
que tus dibujos son colores de mi boca,
pero no puedes gustar en soledad lo que sientes,
y te duele…
Veo que tu cuerpo se balancea junto al mío,
que mi respiración se mezcla con tu voz,
pero no escuchamos el silbido de nuestro corazón,
y nos duele…
Somos dos hojas del mismo árbol,
dos pájaros que vuelan desorientados,
dos amigos que se aman
y no saben que quieren pasear unidos…
Hasta que la noche se una con el día.
Iñaki Navarlaz Rodríguez
Imagen de baptiste_heschung (fuente Pixabay)


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