Leila Slimani retrata la angustia burguesa en ‘Canción dulce’, último premio Goncourt

La editorial Cabaret Voltaire acaba de publicar el libro en España

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Leila Slimani (cedida)

17/04/2017 a las 06:00 Etiquetas Literatura

Sobre el mayor miedo que tiene cualquier adulto, la muerte de sus hijos, pivota ‘Canción dulce’, la novela ganadora en 2016 del premio Goncourt, el más prestigioso de las letras francesas. Pero la obra se extiende sobre muchos otros asuntos hasta convertirse en un angustioso relato sobre la vida moderna: la maternidad, la ambición profesional, las difíciles relaciones de pareja y con los padres, la vida en la gran ciudad y finalmente, el hecho de dejar en manos de desconocidos durante muchas horas al día a los seres más queridos.

La editorial Cabaret Voltaire acaba de publicar en España el libro de Leila Slimani, que ya antes del premio se había convertido en la revelación del año en Francia. Hija de un banquero marroquí y de una médico francoargelina, y casada con un banquero protestante, Slimani (Rabat, 1981) estudió ciencias políticas y periodismo antes de dedicarse a la escritura. Trabajó como periodista en L’Express y Jeune Afrique y se estrenó exitosamente en la literatura con la que era hasta ahora su única obra, ‘En el jardín del ogro’ (2014), donde, inspirándose en Dominique Strauss-Kahn, aborda el tema de la adicción sexual, pero desde el punto de vista femenino.

‘Canción dulce’ bebe de una historia real: el asesinato de dos niños a manos de su cuidadora. Utilizando el recurso literario de desvelar en las primeras líneas el terrible suceso, la novela se sostiene en un ‘flashback’ agónico en el que el lector se ve envuelto en la relación de interdependencia entre la niñera y el matrimonio casi perfecto que forman Myriam y Paul, dos burgueses del barrio X de París que nunca podían sospechar lo que les iba a ocurrir.

Conforme pasan las páginas, la trama se centra en Louise, una figura imprescindible y paulatinamente incómoda para la familia, un personaje que pasa de ser Mary Poppins a convertirse en asesina. “Las niñeras son personajes muy novelescos y significativos para la sociedad. Desde que era pequeña fui sensible al lugar extraño que esas mujeres ocupaban en mi casa en Marruecos. Las queríamos como madres y, a la vez, eran extrañas que están sometidas a relaciones jerárquicas. Me conmovía el lugar difícil que ocupaban y las humillaciones que podrían sufrir, y me apeteció rendirles un homenaje”, afirmó Slimani tras recibir el premio Goncourt. “Trato de relatar el destino de una invisible, de una mujer en la sombra, de una de esas nodrizas sin las que nuestra sociedad no aguantaría porque permiten también el trabajo de las mujeres”, agregó.

Noticia publicada en Diario de Navarra

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