Dejé a un lado
lo que ya no tenía,
rompí las barreras,
casi borré los caminos
por si desandaba mis huellas.
Cogí todas las curvas
sin tocar los frenos,
pedaleando sin manos,
en un frenesí de colores
dejé el pecho descubierto.
Bajé del cielo a las montañas,
luego al mar,
allí, las palabras dichas abandoné,
y en un lienzo trasparente
puse a dibujar mi ilusión.
Iñaki Navarlaz Rodríguez


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