Tengo el corazón lleno
de horizontes indomables,
de caídas,
de búsquedas no guardadas.
Un futuro incierto en cada pisada,
un terremoto,
los pies demasiado heridos para descansar,
una silla eléctrica.
Revuelvo las nieblas y las tormentas,
me cubro con carambolas transparentes,
con el cuerpo desnudo,
siempre dispuesto.
Y digo adiós,
hola a mi corazón.
Suspiros…
Desencuentros con mis palabras.
Iñaki Navarlaz Rodríguez


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