Ya no hay brisas que agarren mis días
y los conviertan en puro teatro,
ya no me quedan apenas balas
en la cartuchera que esconde mi corazón.
Todo se ahoga en los segundos continuos
y hasta dejan de bracear las fuerzas perdidas,
las sumas son restas, y del camino,
del camino sólo quedan las piedras en el zapato.
Ya no hay verdades en mis manos,
y las palabras han estado volando tan lejos
que la vida empieza a ser roca que se marchita,
demasiado tiempo la respiración aguantando.
iñaki navarlaz rodríguez
Fotografía propia


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